miércoles, 21 de enero de 2026

 EMPECEMOS POR URIBIA (1)


Por Armando Pérez Araújo*

A pesar del esfuerzo del presidente Gustavo Petro por mejorar las condiciones del pueblo wayuu, hay que resaltarlo, particularmente en Uribia, las cosas no pintan bien para las comunidades de la etnia wayuu. Continúan las profundas dificultades con la obtención y suministro del agua potable, salud pública, energía y hambre generalizada en La Guajira profunda. La gente de bien, ésta sí, entendida como de verdad verdad, está del lado del presidente Petro, agarrada de las expectativas que emanan del sueño que genera el cambio liderado por el primer mandatario y la esperanzas en la accidentada y compleja implementación de la sentencia T 302 y otras ayudas de importantes instrumentos judiciales. Personalmente, he cuestionado la ilegalidad, más bien, la inconstitucionalidad del viejo Municipio de Uribia, me refiero a la entidad territorial que he propuesto debería revocarse sin tanta prosopopeya, sosteniendo la tesis elemental de que la entidad territorial actuante y dominante en el territorio wayuu debería ser la que surge de nuestra constitución vigente, totalmente administrada por el pueblo wayuu y no la de la añeja y revocada carta política del año 86, que la manejan propios, extraños y contrarios, léase, contratistas comunes y corrientes con egoístas agendas electorales, cuyo norte no apunta al fortalecimiento social e institucional del pueblo wayuu, sino a sus asuntos meramente comerciales.

Vamos al grano:

En alguna ocasión, de manera solitaria y respetuosa, critiqué públicamente la incursión electoral, principalmente a la guajira indígena del influyente senador antioqueño Carlos Trujillo, valido del cuestionable apoyo del entonces alcalde, Bonifacio Henríquez y de otros personajes de la sociedad departamental. Hoy, lo que sucede en la capital indígena de Colombia es igual o peor que en aquella ocasión, porque el actual alcalde, señor Jaime Buitrago, ha protocolizado otra trinca similar y descarada entre la senadora Marta Peralta Epieyu y los mismos personajes o dirigentes de la misma sociedad departamental, con adicionales y preocupantes ingredientes de la derecha y ultraderecha colombiana. Sigue siendo igualmente grave que los sagrados recursos públicos, los del drama del pueblo wayuu, cuyos estándares de respeto de los derechos humanos están por debajo de los que exige la Constitución, se inviertan en el financiamiento de la propaganda política y de los vehículos de la muy bonita senadora y sus aliados, caracterizados opositores al gobierno nacional, en el faraónico lanzamiento de sus estruendosas campañas políticas, entre otros asuntos evidentes de su agenda. Lo peor, es que las transidas esperanzas que, por un lado, genera el ambicioso proyecto del cambio del actual gobierno, del que la distinguida congresista de izquierda predica ser aliada, en la práctica eso se transforme en una nueva frustración con funestas consecuencias electorales. Yo pregunto al pueblo de La Guajira, por aquello de que la ropa se lava en casa: ¿Qué significa, en la práctica, que la derecha de La Guajira, caso concreto de la alcaldía de Uribia y sus contratistas, respalden la campaña electoral de la nunca bien ponderada doctora Peralta?

Lo grave, es que la muy bien arreglada, siempre atractiva senadora, pertenece a la misma coalición política de centro izquierda que el suscrito pertenece, es decir, el Frente Amplio Unitario, donde también estoy como candidato al Senado de la República con el número 35, porque ello podría sugerir que todos los aspirantes de esta pujante coalición política podríamos ser calificados y medidos con el mismo racero, es decir, hacernos elegir con los emblemas de la izquierda, pero comprometidos a fondo con los contratistas y alcaldes de la derecha. Además del reto que seguramente me tocará plantearle a la distinguida senadora izquierdista sobre los diferentes tópicos de las causas nacionales y locales, incluso, las banderas étnicas, que ella y yo proponemos defender, y de las alertas que debo preventivamente solicitar ante el CNE, la Procuraduría y la MOE, desde ahora implementaré una novedosa práctica de matemática electoral que consistirá en que por cada afiche que la mentada trinca en los miles de carros y motocarros haya contratado y colocado, que la gente que los vea y los utilice me compense y vote masivamente por mí marcando el número 35 del Frente Amplio Unitario. Algo parecido pediré respecto a las costosas vallas, los costos y financiadores.


*CANDIDATO AL SENADO DE LA REPÚBLICA 


sábado, 3 de enero de 2026

EL SECUESTRO DEL PRESIDENTE MADURO


Por Armando Pérez Araújo

Necesitamos hablar del secuestro del presidente Maduro y no de la captura de Maduro o de la simple y peyorativa extracción de Maduro por parte del gobierno de Trump, advirtiendo que no es que ello sea un asunto de simple semántica dentro la discusión que suscita el errático vocabulario de la inapropiada jerga periodística de los mediocres medios de comunicación para narrar los sucesos ocurridos en la madrugada de hoy tres de enero de 2026. Peor, si el evidente e inverosímil secuestro de marras estuvo enmarcado en un imperdonable crimen de agresión, con los componentes que este especial tipo penal aparece descrito y configurado en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, definido en el artículo ocho bis, incorporado en las Enmiendas de Kampala, que implica la planificación, preparación, iniciación o ejecución, por una persona en posición de controlar o dirigir efectivamente la acción política o militar de un Estado, de un acto de agresión que, por sus características, gravedad y escala, constituye una violación manifiesta de la Carta de las Naciones Unidas. Agreguemos que por acto de agresión debe entenderse el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de otro Estado, lo que hizo el gobierno de Trump contra el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, o en cualquier otra forma incompatible con la Carta de las Naciones Unidas, según la resolución 3314 (XXIX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de 14 de diciembre de 1974, que dice que cualquiera de los actos siguientes, haya o no declaración de guerra, se caracterizará como acto de agresión: a)

La invasión o el ataque por las fuerzas armadas de un Estado del territorio de otro Estado, o toda ocupación militar, aún temporal, que resulte de dicha invasión o ataque, o toda anexión, mediante el uso de la fuerza, del territorio de otro Estado o de parte de él; b) El bombardeo, por las fuerzas armadas de un Estado, del territorio de otro Estado, o el empleo de cualesquiera armas por un Estado contra el territorio de otro Estado; c) El bloqueo de los puertos o de las costas de un Estado por las fuerzas armadas de otro Estado; d) El ataque por las fuerzas armadas de un Estado contra las fuerzas armadas terrestres, navales o aéreas de otro Estado, o contra su flota mercante o aérea; e) La utilización de fuerzas armadas de un Estado, que se encuentran en el territorio de otro Estado con el acuerdo del Estado receptor, en violación de las condiciones establecidas en el acuerdo o toda prolongación de su presencia en dicho territorio después de terminado el acuerdo; f) La acción de un Estado que permite que su territorio, que ha puesto a disposición de otro Estado, sea utilizado por ese otro Estado para perpetrar un acto de agresión contra un tercer Estado.

Cuando la prensa o connotados líderes políticos repiten como loros “cayó Maduro”, están admitiendo poderes judiciales que no tiene el mandatario estadounidense, incluso, reconociendo padecer un lamentable estado o complejo de inferioridad ante el poderoso imperio del norte.

Es triste ver que la mayoría de los cipayos medios de comunicación afectos al imperio, no puedan o no quieran distinguir la monumental mentira de Trump, cuando hace pocos días dijo que lo de la causa penal del presidente Maduro era respecto a conductas vinculadas a delitos comunes, principalmente asociados al narcotráfico y porte de armas, y hoy, en la rueda de prensa internacional, el fanfarrón presidente norteamericano sin escrúpulo alguno admitió que su principal objetivo era tumbar al presidente Maduro y apropiarse del petróleo venezolano y de la totalidad de la conducción política de nuestro país hermano.

domingo, 26 de octubre de 2025

LA EMBARRADA DE TRUMP NO TIENE NOMBRE

Por Armando Pérez Araújo 

La decisión del presidente Trump de agredir en lo personal al presidente Petro, su familia y círculo cercano, además de desconsiderada con las instituciones norteamericanas, toca profundamente los intereses de la sociedad de carne y hueso del otrora respetable país del norte. Se equivocan quienes piensan que el insólito trancazo de incluir a la primera dama Verónica Alcocer, que la reconocemos como la primera dama, aunque se presten para discusión las frases del mandatario en un contexto de consideración y solidaridad con ella, al hijo del presidente, Nicolás Petro, al ministro del Interior, Armando Benedetti y al mismo mandatario, en la lista de Nacionales Especialmente Designados, manejada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, significa una demostración de poderío imperial del condenado presidente gringo. Al contrario, la extravagante e ilegal medida de involucrar absurda e injustamente en la lista que ha sido usada históricamente para señalar a narcotraficantes y a sus aliados, de tal forma que sean sancionados y perseguidos por todas las autoridades que puedan hacerlo, constituye un desconcertante y desmedido abuso, que ha suscitado internamente en Estados Unidos calificaciones cercanas a la debilidad y cobardía del convicto mandatario, incluso, se promueve, a raíz de estos ataques a Colombia y Venezuela, la probabilidad de que le sea declarada la interdicción judicial por incapaz y torpe en el manejo de los intereses superiores de ese país.

Añadamos a la anterior circunstancia colombiana las injerencias visiblemente políticas, igualmente extravagantes, en los asuntos internos de la hermana República Bolivariana de Venezuela, referidas a las constantes amenazas y groserías contra el gobierno de nuestros vecinos, pasando por el asesinato de pescadores venezolanos y/o colombianos y el aleve involucramiento en la manchada designación de la señora Machado en el desprestigiado galardón de Oslo. Creemos, por esas y otras razones que, en las próximas elecciones colombianas, las de marzo y las de mayo, el convicto presidente nos ha servido en bandeja de plata a los demócratas de Unitarios, del Pacto Histórico y los de cualquier otra denominación con banderas progresistas, para ganar ampliamente las mayorías necesarias para transformar sin tener que juntarnos con malas compañías. Lo mismo ocurrirá en la Venezuela hermana, porque allá, por culpa de erráticas rabietas imperiales del magnate frustrado, ahora cuentan, no sólo con un aliado presidente latinoamericano armado con un megáfono en las calles de Nueva York, sino con un mensaje que ha calado en muchos lugares del mundo y especialmente en el corazón de todos los latinoamericanos.

Me dicen, que en el parque de mi natal Sincé, que antes era la plaza de las espontáneas tertulias del pueblo, por antonomasia rincón conservador de la costa colombiana, hoy hacen el raro ejercicio intelectual los sabiondos del municipio, discutiendo públicamente si es que la responsabilidad de la debacle que se advierte en la política de la derecha colombiana está en cabeza del improvisado y desprestigiado cartel de los sapos que inventaron calumnias para viajar a Washington a encontrarse con Leiva y visitar a Rubio para indisponer a Petro, o si los responsables tienen que ver con las travesuras de la casa Pastrana y los hermanos Moreno, quienes fungen como ex colombianos con su propia agenda de negocios. En todo caso, lo que se percibe es que, como consecuencia de los encontronazos de Trump y Petro, el primer resultado político que se reconoce es la necesidad de sacudirnos del ahora explicito yugo imperialista y unipolar y buscar nuevos caminos y visas para otros horizontes sin humillaciones ni tiranías.

miércoles, 22 de octubre de 2025

LAS COYUNTURAS


Por Armando Pérez Araújo

Indudablemente, estamos frente a varias coyunturas de la política internacional colombo venezolana, podríamos decir inapropiadamente inéditas, dadas las antipáticas maneras entronizadas por el gobernante norteamericano y las de algunos miembros de su gallada, caso del típico desadaptado e irrespetuoso Marco Rubio y de sus mediocres aliados latinoamericanos, por ejemplo, la de los peripatéticos destellos de brutalidad política del  desconectado senador ex colombiano Moreno, ni qué decir, de la desconcertante decisión del Comité Noruego del Nobel de regalarle el desacreditado premio a María Corina. Bastaban las imperdonables patanerías del presidente Trump contra los presidentes de Colombia y Venezuela que, desde un comienzo, pintaron signadas como de la peor calaña de la diplomacia internacional, para que los colombianos, los venezolanos y el resto del mundo, comprobáramos que el asunto de declararse guardián de los mares latinoamericanos era una descomunal falacia para presionar un cambio de régimen en procura del control descarado de nuestros recursos energéticos. Asesinar a veintisiete latinoamericanos, pescadores o lo que fuesen, no era lo conducente para enviarle al mundo el errado mensaje de que se trataba de un tema de cuidar la ruta del narcotráfico internacional, al contrario, la elocuencia del sentido común y de las pruebas fácticas y políticas nos han mostrado las evidencias de que todo era parte de una secuencia de crímenes planeados y encuadrados en una esquizofrénica estrategia de desestabilizar nuestros proyectos democráticos en Latinoamérica. 

la gran coyuntura política, la más destacada, es que producto de tantas estupideces juntas, de tantas traiciones a la patria acumuladas, los pueblos de Colombia y Venezuela se han despertado con más bríos, los pueblos y ambos gobernantes se han unido con inusitado vigor, otros pueblos del mundo se han alineado contra el decadente imperio, incluso, militares de alto rango del viejo imperio unipolar se han retirado de sus filas como consecuencia de ello, lo mismo que respetables figuras de la política norteamericana se han expresado con energía y en contra de la tiranía del magnate y sus adláteres.

Tengamos la plena seguridad de que el mismísimo pueblo norteamericano y sus mejores y dignos dirigentes, lo mismo que las variadas expresiones de la democracia del norte, que son los verdaderos y sustantivos pilares del sistema de pesos y contrapesos gringo, se levantarán muy pronto con suficiente energía a favor de la paz del mundo y en contra del cretinismo oficialista de la decadente potencia. la gran síntesis política de hoy es que en las elecciones colombianas del próximo año saldrá avante la deseada e indispensable prolongación de las reformas sistemáticamente saboteadas del presidente Gustavo Petro, una Asamblea Constituyente más radical y progresista, y de contera, por el lado vecino, se atornillarán y defenderán con más razones y argumentos los ideales bolivarianos del proyecto chavista en la república Bolivariana de Venezuela.

sábado, 11 de octubre de 2025

OLOR A PETRÓLEO


Por Armando Pérez Araújo

La gran verdad es que la señora María Corina Machado, sin desconocerle sus evidentes atributos de líder política ultraderechista venezolana, era la menos indicada para que hubiese sido considerada para optar por el deslustrado galardón de Oslo. Su escogencia era la menos aconsejada si lo que se pretendía era premiar sus esfuerzos por la paz de su país o de la región latinoamericana, dado que en no pocas ocasiones gestionó, incluso, suplicó injerencias y arremetidas violentas del imperial poder norteamericano contra la estabilidad democrática de su país. Prueba de su dependencia mental y política de los trazados abusivos de Washington contra la independencia venezolana fue que, inmediatamente le avisaron de haberse ganado el desprestigiado premio, sin pudor ni pérdida de tiempo se abalanzó a llamar de rodillas al anti latinoamericanista presidente Trump a ponerle a su disposición la ridícula medalla y, algo peor que eso, reconocer ante la opinión pública internacional que el desconcertante premio lo aceptaba como un honor que deseaba ofrecérselo como en una especie de homenaje al atrabiliario gobernante del norte.

A estas alturas del partido no se sabe muy bien si el susodicho Premio Nobel de la Paz, obsequiado a la señora Machado por hipócrita cortesía de Washington, contribuye más a denigrar del marchitado prestigio de la controvertida líder, o si, al contrario, habérselo otorgado sin vaselina a una aguerrida partidaria de Trump y de Benjamín Netanyahu, termina enterrando el dudoso valor moral del antes significativo diploma, para no hablar de sus devaneos y complicidades con los enemigos de la paz de los colombianos.

Creemos que la monumental incoherencia del Comité Noruego del Nobel, señalando a Machado ganadora del premio "por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia", constituye el más alto grado de corrupción a que ha llegado el accidentado recorrido del famoso pergamino. Mucha razón tienen quienes afirman sus fundadas sospechas de que en los salones del comité sueco aún se percibe el fétido olor a petróleo, sugiriendo alguna relación causal entre la inusitada condecoración, con los desaforados y explícitos apetitos del crudo

viernes, 12 de septiembre de 2025

MARCO RUBIO

Por: Armando Pérez Araújo

No es posible que nos crucemos de brazos ante el asqueroso espectáculo del gringocubano Marco Rubio, cuando diariamente amenaza y ataca con desparpajo y sin pudor político a nuestros hermanos vecinos y a nosotros los desprotegidos colombianos habitantes de frontera.  Lo grave no es que simplemente hable mierda, y trapee el piso con un jefe de estado, de más jerarquía que él, como ocurre con el presidente Maduro, que es lo que habitualmente hace usando los medios de comunicación del imperio, sino que el bellaco ordene disparar misiles contra gente inocente latinoamericana para comprobar su poderío de hombre de estado y su vocación de matón eficiente. Es muy posible que cada vez que lanza sus gargajos contra la estabilidad democrática de sus medios hermanos latinoamericanos, lo haga para satisfacer la vanidad imperialista y terrófaga del bárbaro Trump, lo cual sería una primera hipótesis, la otra, la más creíble aún, es que el susodicho personajillo se desempeñe como un obediente actor de reparto de quienes desesperados buscan las millonarias reservas petroleras de los venezolanos, para repartírselas. En todo caso, lo que más indigna es la tolerancia y estulticia de la dirigencia regional, me refiero a la del costado colombiano, a nuestros dirigentes y gobernantes locales, algunos patrocinando con su silencio cómplice la descomunal maldad del grosero exponente de la peor codicia imperialista, otros alineándose a favor de la estupidez del genocida de marras y sus adláteres. Toca advertir que el presidente Petro sí ha sacado la cara por Colombia, a la altura de sus responsabilidades y de la difícil circunstancia internacional, él ha estado erguido y valiente en la defensa de la soberanía latinoamericana.