Por Armando Pérez Araújo*
A pesar del
esfuerzo del presidente Gustavo Petro por mejorar las condiciones del pueblo
wayuu, hay que resaltarlo, particularmente en Uribia, las cosas no pintan bien
para las comunidades de la etnia wayuu. Continúan las profundas dificultades
con la obtención y suministro del agua potable, salud pública, energía y hambre generalizada en La Guajira profunda. La gente de bien, ésta sí, entendida como de verdad verdad, está del lado del presidente
Petro, agarrada de las expectativas que emanan del sueño que genera el cambio
liderado por el primer mandatario y la esperanzas en la accidentada y compleja implementación de la sentencia T
302 y otras ayudas de importantes instrumentos judiciales. Personalmente, he cuestionado la ilegalidad,
más bien, la inconstitucionalidad del viejo Municipio de Uribia, me refiero a la entidad territorial que he propuesto
debería revocarse sin tanta prosopopeya, sosteniendo la tesis elemental de que la
entidad territorial actuante y dominante en el territorio wayuu debería ser la
que surge de nuestra constitución vigente, totalmente administrada por el pueblo
wayuu y no la de la añeja y revocada carta política del año 86, que la manejan propios, extraños y contrarios, léase, contratistas comunes y corrientes con egoístas agendas electorales,
cuyo norte no apunta al fortalecimiento social e institucional del pueblo wayuu, sino a sus
asuntos meramente comerciales.
Vamos al grano:
En alguna
ocasión, de manera solitaria y respetuosa, critiqué públicamente la incursión
electoral, principalmente a la guajira indígena del influyente senador
antioqueño Carlos Trujillo, valido del cuestionable apoyo del entonces alcalde,
Bonifacio Henríquez y de otros personajes de la sociedad departamental. Hoy, lo
que sucede en la capital indígena de Colombia es igual o peor que en aquella
ocasión, porque el actual alcalde, señor Jaime Buitrago, ha protocolizado otra
trinca similar y descarada entre la senadora Marta Peralta Epieyu y los mismos
personajes o dirigentes de la misma sociedad departamental, con adicionales y
preocupantes ingredientes de la derecha y ultraderecha colombiana. Sigue siendo
igualmente grave que los sagrados recursos públicos, los del drama del pueblo
wayuu, cuyos estándares de respeto de los derechos humanos están por debajo de
los que exige la Constitución, se inviertan en el financiamiento de la
propaganda política y de los vehículos de la muy bonita senadora y sus aliados,
caracterizados opositores al gobierno nacional, en el faraónico lanzamiento de
sus estruendosas campañas políticas, entre otros asuntos evidentes de su agenda.
Lo peor, es que las transidas esperanzas que, por un lado, genera el ambicioso
proyecto del cambio del actual gobierno, del que la distinguida congresista de izquierda predica ser aliada, en la
práctica eso se transforme en una nueva frustración con funestas consecuencias
electorales. Yo pregunto al pueblo de La Guajira, por aquello de que la ropa se
lava en casa: ¿Qué significa, en la práctica, que la derecha de La Guajira,
caso concreto de la alcaldía de Uribia y sus contratistas, respalden la campaña
electoral de la nunca bien ponderada doctora Peralta?
Lo grave, es
que la muy bien arreglada, siempre atractiva senadora, pertenece a la misma
coalición política de centro izquierda que el suscrito pertenece, es decir, el Frente Amplio Unitario, donde también
estoy como candidato al Senado de la República con el número 35, porque ello
podría sugerir que todos los aspirantes de esta pujante coalición política podríamos ser
calificados y medidos con el mismo racero, es decir, hacernos elegir con los emblemas de
la izquierda, pero comprometidos a fondo con los contratistas y alcaldes de la derecha.
Además del reto que seguramente me tocará plantearle a la distinguida senadora izquierdista
sobre los diferentes tópicos de las causas nacionales y locales, incluso, las banderas
étnicas, que ella y yo proponemos defender, y de las alertas que debo preventivamente
solicitar ante el CNE, la Procuraduría y la MOE, desde ahora implementaré una
novedosa práctica de matemática electoral que consistirá en que por cada afiche
que la mentada trinca en los miles de carros y motocarros haya contratado y colocado,
que la gente que los vea y los utilice me compense y vote masivamente por mí
marcando el número 35 del Frente Amplio Unitario. Algo parecido pediré respecto
a las costosas vallas, los costos y financiadores.
*CANDIDATO AL SENADO DE LA REPÚBLICA